La película Sirāt, dirigida por Óliver Laxe, ha captado la atención del público con sus impresionantes paisajes, los cuales se sitúan no solo en Marruecos, sino también en la provincia de Teruel. Este filme, que ha cosechado 11 nominaciones en los próximos Premios Goya, presenta un viaje emocional a través de un desierto que recuerda enormemente al Gran Cañón del Colorado.
La trama gira en torno a un padre que se aventura en el desierto del sur de Marruecos en busca de su hija mayor, desaparecida tras asistir a una fiesta rave. A medida que avanza la historia, la búsqueda se transforma en un recorrido físico y emocional, capturando la esencia de un paisaje desolado y cautivador.
Un rodaje entre Marruecos y Teruel
El equipo de producción pasó varias semanas en el desierto marroquí, rodando escenas en zonas cercanas a Errachidia y Erfoud, que son puertas de entrada al Sáhara. Sin embargo, también dedicaron tiempo a filmar en territorio aragonés, donde localizaciones como El Planerón, una reserva ornitológica en Campo de Belchite, y la conocida Rambla de Barrachinas se convirtieron en escenarios ideales que simulan tramos de desierto.
Óliver Laxe buscaba un paisaje «penetrante, misterioso e hipnótico», y lo encontró en este rincón de Teruel. La Rambla de Barrachina, a solo 7 kilómetros de la ciudad, ha ganado visibilidad gracias a Sirāt, un lugar que antes pasaba desapercibido para muchos. Con sus paredes rojizas y su inmensidad, se asemeja a un territorio de otro continente, siendo conocido como el Cañón Rojo.
Un paisaje que impresiona
El acceso a este impresionante cañón es sencillo; se puede llegar tomando la carretera N-234 en dirección a Valencia y desviándose por la A-1512 hacia Cuevas Labradas. En pocos minutos, una pista de tierra conduce a un mirador natural que ofrece vistas espectaculares de este fenómeno geológico. El cañón se extiende más de 3 kilómetros de longitud, con paredes que alcanzan los 80 metros de altura, esculpidas a lo largo de millones de años por la acción del agua y el viento sobre las margas y arcillas de la zona.
El resultado es un escenario de chimeneas de hadas, cárcavas y barrancos que cambian de color a lo largo del día, desde el naranja hasta el bermellón, pasando por el dorado y el vino tinto, dependiendo de la hora y la inclinación del sol. Este espectáculo natural invita a los visitantes a explorar más allá del mirador, siguiendo una ruta circular de unos 12 kilómetros que rodea la rambla, con miradores y vistas panorámicas increíbles.
Quienes han tenido la oportunidad de conocer este lugar coinciden en que resulta sorprendente encontrar un paisaje tan espectacular tan cerca de Teruel, evocando más bien decorados del Oeste o incluso del desierto de Marruecos. Así, el Cañón Rojo se convierte en un decorado de película, un tesoro natural que merece ser explorado y apreciado por todos.
